jueves, 28 de abril de 2011

Aprendi que es mejor quedarse callado...






Cuando no hay nada interesante que decir.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Elegir es matar al no elegido.

Elegir es terminar una ilusión, es descartar una posibilidad, es abandonar lo que podría ser. Es decir que no es meritorio de un sí. Es dejar con esperanzas a alguien e ilusiones por la mitad. Sin ponerse en el lugar del que elige, que no se pone en consideración si es fácil o no. Y sin ponerse en el lugar del elegido y su alegría. Qué sucede con el que no es mirado, ni tenido en cuenta, no es visto y no es. Porque si no es elegido, no pasa a ser. Elegir es matar al no elegido; es borrarlo de la discusión. Es no fijarse en él, es no reparar en que no estará más. Es dejarlo ahí con todo esto por decir.

viernes, 11 de febrero de 2011

Una más y van....

Una planta que quedó en un rincón. Una sonrisa pintada con Rush y que quedó siempre ahí aunque no se siente. Una lágrima a punto de caer, y un cigarrillo consumido para tranquilizar. Un lápiz que descarga dolor e incertidumbre. Un plato de comida sin terminar. Una mueca que ya pasará y un intento de olvidar.
Una sensación de no estar, de no ser de no importar. Un NN en cualquier lugar. Una lejanía destructiva. Una sensación de cambio a mitad de camino. Una desilusión que toca timbre y pide permiso para entrar. Una serie de dudas en la almohada, y un par de pesadillas al dormir. Un chiste que no causa gracia, y un grito ahogado en la garganta que lucha por no demostrar.
Una pared en medio del sillón, un silencio ensordecedor, un comentario mordaz e inoportuno.
Unas extrañas ganas de no estar, para preservar. Unas incansables ganas de preguntar para qué, quién, porqué y quién soy. ¿Algo olvidado en un rincón?

jueves, 6 de enero de 2011

No soy Arjona, ni quiero serlo, aunque no sepa más que eso.

El problema no es que no sepa de vos. Sino que no sepa de mí.
Lo lamentable no es que no confíe en vos. Sino que no confíe en mí.
No sería tan grave que no me quieras. Lo inaceptable es que no me quiera yo.
Puedo soportar que yo no te importe. Lo triste insoportable es que yo no me importe.
Lo raro no es que no pueda enojarme jamás con vos. Sino que siempre me enoje conmigo.
No me inquieta que me des reconocimiento. Pero quiero dejar de mirarme inquieta y no reconocerme.
No me importa que no llegues a conocerme, me desvela que nunca me conozca a mí misma.
Porque a una determinada altura ya nadie puede darte información que nunca dejaste ver.
Porque a un determinado momento no te pueden decir quién sos, porque te van a dar información incompleta o errónea. Y porque llega el día en que nadie sabe mejor que vos, quién sos verdaderamente y para que estás aquí. El problema, definitivamente es…cuando vos no lo sabés.

martes, 30 de noviembre de 2010

Par doble; vos y yo.

Sin pedir ni ilusionar. Con temor y precaución. Más sentir y menos pensar. Con contradicción. Con la incertidumbre de no tener nada comprado, y con la certeza de que puede ser todo peor. Con la mirada atenta pero tierna del miedo, y el paso firme de una inseguridad circunstancial.
Con la cabeza a gachas por las dudas; y los brazos abiertos para alcanzar algún abrazo que ande sin dueño por ahí. Con la idea de no tener ideas, y con el alma apostada en una ciega. Con la certeza de una lotería y la incertidumbre de una cirugía de corazón. Con el alma al aire como dijo Alejandro. Con la maldad guardada como digo yo. Con la sinceridad devenida en bruta honestidad y con una necesidad de no pedir nada. Con la alegría de tu mirada a la mañana, y con el recuerdo de esas lágrimas que se vencieron tiempo atrás.
Con un temor que me arrastra y una audacia que invita a cabalgar. Con resacas viejas y olvidadas en la espalda, y con un champan a punto de descorchar para festejar.
Con idas y venidas en la mirada, con más vueltas que la oreja, con dolores de cabeza con partes marchitas en el corazón. Con mis miserias pisándome los talones, y con un carrito lleno de ilusiones por cumplir. Con un alma rota y remendada, con tu mirada de costado, con tus todos “porque sí”. Con mis “peros” y “porqués” que bailan malambo. Con tus “shhhh” que bailan ballet. Con mis miedos y perdones, con un as de corazones yo te apuesto mi sentir. Me juego el pelo y tres monedas, me juego fichas, helados, fotos y peleas. Y lo apuesto porque sí.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Delete....

Que sí. Que no. Que te escribo pero no te llamo, que te llamo pero no te quiero. Que te quiero pero no te veo. Que te quiero pero no estoy. Que te quiero y te aporreo. Que me querés y no me importa. Que no quiero que me quieras, y que quiero que me quieras porque sí.
Te quiero mucho, no te quiero nada. No quiero que me quieras, y te quiero porque te quiero. Stop! Cuanto querer despilfarrado en amores de primaria, en el Juego de la Botella y en querer de Cotillón.
Te quiero porque me gusta en Facebook. Porque te lo digo por mensaje. Si no te quiero te elimino, te bloqueo, desadmito o te oculto de mi visión.
No te quiero tanto para quererte, pero mucho como para dejarte. No me olvido de saludarte por un chat, o ponerle una carita :) a tu nuevo estado del querer.
Si te quisiera verdaderamente, llamaría para verte, pero como virtualmente es que te quiero, me conformo con chatearte y espiar en la vidriera de la juguetería del corazón.
Yo quisiera quererte pero no puedo. O tal vez no lo quiero tanto, no lo sé. Es que todo es tan confuso y es tan gratis hablar de querer que no creo que cambie en nada que quiera dejarte ser.
No me resigno a que dejes de quererme, aunque tal vez no quiera volverte a ver.

viernes, 22 de octubre de 2010

Postmodernidad Liquida.


Uno, dos, tres, cuatro y hasta quince pasos en un sendero peligroso. En un silencio ensordecedor. En un dolor que es y no es. Que es por lo que no se es.
Días y noches. Restricción hecha jornada, hecha rutina. Veinticuatro, cuarenta y ocho, y más, muchas más horas de un adormecimiento siniestro. Una peregrinación a un camino ambiguo, cobarde, y poco original tal vez. Pero no menos significativo.
Pasos débiles hacia una cueva. Frenadas y vueltas a comenzar. Decisiones condicionadas, muy poco comprendidas y nada compartidas.
Una historia de horas y días, de momentos fugaces y duraderos, de tristeza, odio, culpa y maltrato. Facturado en negro. Caretas sin caras. Sonrisas vacías. Lágrimas salidas del estómago, de la historia, del día a día y de esas horas.
Uno, dos, tres. Oscuridad. Luz blanca. Cachetadas en la cara. Samarreadas a los pensamientos. Miradas de compasión, de preocupación y de abatimiento. Incomprensión. Susto. Fondo.
Uno, dos, tres, un número alto, horrible, odiable y otra vez, uno, dos, tres y hasta quince intentos pocos seguros de terminar.
Uno, dos tres, diez, y hasta quince días de liquidez extrema.