martes, 18 de octubre de 2016

Y qué pasa si no?



Toda nuestra vida la transitamos basados en el positivismo de que todo sucederá. Que las cosas saldrán bien. Que seremos saludables, felices. Que tendremos amigos. Que seremos queridos. Que formaremos una familia. Que viviremos un gran amor. Que seremos exitosos, y que trabajaremos de lo que nos gusta.

Resultado de imagen para frases en la arena del mar
Nos suena trabajoso y hasta nos da miedo pensar que eso no va a suceder. Preferimos creer en que la vida misma, solita… nos dará aquello que se supone que nos merecemos. Nos negamos consciente o inconscientemente a que tal vez, no estemos en este grupo de afortunados. 

Es más, tildamos de negativo a aquel que considera la posibilidad de que no puede ser agraciado con todos esos honores.
¿Qué es lo que nos cuesta más? ¿Pensar en esa posibilidad? ¿Aceptarla? Tildarse a uno mismo de mala energía. ¿De no querer suficiente las cosas? Muchas veces se escucha que si alguien desea algo con mucha fuerza; lo logra. Y que pasa si no?
Si no somos deseados por nuestros padres. Si  no somos saludables o si no encontramos ese amor que tanto anhelamos. Qué pasa si la vida soñada no es la que nos toca vivir.
Por qué es tan descabellado pensar que las cosas pueden no suceder. Por qué criticamos al que piensa de esa manera, si no lo único que hace es anticiparse a una realidad que puede suceder.
Por qué intentamos suavizar la idea diciendo que “todo va a estar bien”. Por qué en un mundo que parece ser cada vez más extraño, las profecías del bienestar son como huellas en la arena. Pueden desaparecer.
Y? qué hacemos si un día nos sentamos a pensar ¿qué pasa si no?.

lunes, 27 de junio de 2016

Just Friends

Pasa que otra vez se dio cuenta que estaban como cuando habían empezado. Se miró en retrospectiva y se dio cuenta de que otra vez estaba esforzándose para que alguien la mirara. La mirara de verdad.
Y por eso se enojaba. Exigía atención. Aunque de verdad lo que estaba exigiendo era que la quisieras.
Porque estaba repitiendo una historia. De gusto.
Era una historia que había empezado y terminado mil veces. Había quedado en stand by. La habías vuelto a reflotar. La habías modificado. Y ella siempre en el mismo lugar. Queriendo agradarte. Queriendo llamar tu atención. Queriéndote.
Porque sí lo intentaría. Porque cada vez que estás su cabeza se llena de historias imaginarias. Porque cada vez que volvés cree que esta vez será LA vez.

Y sola arma y desarma los finales felices. Mientras vos no te das cuenta. 

miércoles, 20 de abril de 2016

Lecciones para amar

Todavía recuerda la frase; “We're not broken just bent. And we can learn to love again” que repetía y tenía anotada por todos lados.
No estamos rotos, sólo doblados. Podemos aprender a amar de nuevo.
Como si aprender a amar fuera algo fácil, algo palpable. Como si fueran una serie de lecciones para poder remontar lo irremontable. Como si todos quisieran asistir a esas clases.
Porque donde uno no quiere; dos no pueden.
Y porque se ve que no había más tiempo para lecciones. Porque habían sido demasiado recuperatorios. O no. Pero nunca se pusieron de acuerdo. Nunca más.
Porque cuando uno dijo “Tal Vez no”, el otro dijo “tenés razón; no”. Y porque cuando uno se arrepintió el otro dijo que no ya no había tiempo.
Porque a veces no se puede  aprender a amar de nuevo. A veces se aprende una sola vez. A veces no se aprende nunca. O a veces se aprende para siempre.
Cuánta Utopía había en aquella frase. Era como un ruego. Pero se piensa utópica porque no se dio. Porque no aprendieron. Porque abandonaron la escuela. No se sabe quién primero; si el que tiró la piedra. O el que escondió la mano.
Y todavía canta esa frase y siente que sigue siendo un ruego. Y si alguna vez quisieran retomar y terminar los estudios?.
Y todavía siente que podían dar más. No un diez, pero un aprobado seguro. Todavía siente. Y no entiende. Y no puede entender por qué viendo esa frase volteó la mirada.
No entiende, y lo siente. No entiende por qué justo ellos no pudieron aprender a amarse. Porque se sabían doblados, pero alguno de los dos decidió quebrar. Y ni si quiera saben quién se quedó juntando las mitades y tratando de volver a unirlas. Probablemente ninguno de los dos. Uno se quedó contemplando los pedazos. El otro sólo juntó su mitad y se fue.
Probablemente nunca más vuelvan a verse. Probablemente intenten aprender a amar de nuevo. O no. Tal vez la próxima no necesiten de lecciones. Probablemente un día sean sabios, aprobados y sobresalientes sin tanto que estudiar. Probablemente alguna vez no haya mitades y sean uno solo. Porque seguramente algún día donde dos quieran; dos puedan.


viernes, 8 de abril de 2016

La lluvia nunca vuelve hacia arriba.

Y un día, después de una tormenta, tanta lluvia, tanta garúa… tanto gris,  un día se asoma el sol. O por lo menos aparece una resolana. De a poco todo aquello que estaba mojado se empieza a secar. El viento empieza a soplar. Tranquilo; menos agresivo. Más aire.
Y ese día lo volvés a intentar. Un día volvés a probar salir sin paraguas. Así, sin nada. Con la incertidumbre de que te podés empapar de nuevo… o con la esperanza de que los primeros soles iluminen más ese cielo celeste.
Y si pasa eso, sabés que todo ya pasó; y que se caiga el mundo de nuevo porque te encuentra preparada.
Pero si vuelve a empezar a gotear; maldecís al mundo por haberte arriesgado de nuevo. Por haber salido sin siquiera una capucha. Y por mostrarte y encontrarte vulnerable una vez más.
Y duele. Y enoja;  pero estás bailando debajo de la lluvia otra vez y sintiéndola. Qué más podés hacer. A lo sumo encontrar algún techo, quedarte quieta y esperar a que pase. Y ni siquiera sabés lo que te va a llevar de tiempo. Pero qué más da.

Porque después de verte otra vez completamente empapada. Y de secarte la cara que no para de chorrear; descubrís algo.
Estás sintiendo una nueva tormenta. La nostalgia de la anterior quedó rancia. Podés sentir de nuevo; hay otras nubes, otros rayos, volvés a tener miedo…
Cuánto hacía que te habías quedado limpiando la mugre de la tormenta anterior? Y estás limpiando otra vez, juntando otros pedazos, esperando otro sol, o mientras disfrutando de otra lluvia.
Porque a veces es suficiente con que empieces a sentir de nuevo. Aunque lo que sientas no sean los rayos del sol sobre la cara. Hasta no hace mucho no sentías nada porque ni si quiera salías de la guarida.

Y nadie sabe si esta vez es la vez, y todo lo que un día ocurrió se termina, y casi siempre todos quieren correr y la lluvia nunca vuelve hacia arriba. 
Dicen que no existen dos copos de nieve iguales. Probablemente tampoco dos  lluvias idénticas, ni dos tormentas que te expongan y te dejen en el mismo lugar. Ni tampoco dos personas iguales atravesadas por dos tormentas diferentes.


lunes, 28 de marzo de 2016

Extraña a Ablus



Y cuando ya no quedaban más lagrimas que derramar, y cuando parecía que no quería lastimarse más, alguien apareció. Cayó como un paracaídas. No lo esperaba; pero ahí estaba: “Vamos al Cine Mañana?” Y la verdad es que un martes; no tenía demasiado que hacer. Y hacía rato ya que no tenía ese tipo de salidas.
Y dijo que sí. Con él había forjado una relación de amistad, buena onda, de mates a la tarde, mensajes cada tanto.
Fueron al cine en la salida más inocente que uno puede creer. De hecho, hasta se levantó en medio de la función para ir al baño. Se despidieron con un beso en la mejilla, apurado.
El primer beso fue como dos semanas después; y después de tres horas y varias cervezas. Y de ahí,  no se separamos más.
De novios a los meses… le presentó a su flia en muchos meses más. Y lento, pero avanzaban. Por primera vez era lo que necesitaba. La seguridad de que no la iban a dejar. La alegría de volver a sentise querida; querible.  Él era lindo, inteligente, y la hacía reír. A carcajadas.  Y se enamoró profundamente. Como nunca había amado antes.

Pero él no amó al principio, después sí… aunque nunca estuvo muy segura de ello. El fantasma de su ex, y los pocos proyectos que él parecía tener, eran lo que siempre dejaba en alerta.
Cuatro años, y por ella podían estar para siempre; sentía que con él quería terminar. Lo había encontrado. Él la amaba, y ella lo amaba a él. Pero  un día entendieron que con el amor no alcanza. Y necesitaban crecer. Más compromiso de su parte.
Y un día no sabe ni cómo se lo dijo. No entiende ni para qué habló, si en el fondo sabía cuál era la respuesta: NO.
Y así fue. Hasta su despedida fue hermosa. Abrazados. Le dijo que la amaba y que no compartía su decisión de terminar. Pero que la entendía. Él no podía dar un paso más.
Y sólo Dios sabe lo que sufrió. Se le rompió el alma. Literal. No comía. Ni dormía, ni se bañaba. Solo creo que respiraba. Se culpó. Se odió. Se preguntó una y mil veces, para qué? Por qué no se calló? Y le costó más de dos años y miles de intentos  más o menos reponerse. Por qué más o menos?
Porque siente que una parte de sí misma se fue con él al otro extremo del país. Porque lo amó con sinceridad. Porque reconoció los errores, porque aprendió, pero no tuvo a quién más demostrárselo.
No volvió a reírse así con nadie. No volvió a desear así a nadie. No logró sacarlo de su corazón. Nadie puede ocupar su lugar. Y el problema es siempre el mismo: no son él.
Y si bien en todas las veces que había pasado esta situación el tiempo es lo que ayudó. Parecía que con él, no había tiempo que valga. Porque lo cierto es que en el fondo, cada vez que llora, o que intenta y no funciona, llora más por lo que no funcionó con él, que por el motivo que elige decir.
Gringo; no lo intentaste. Ella dijo “mejor terminemos” y vos dijiste “Sí”. Y no sabe qué fue de tu vida. Ni dónde, ni con quien estás. Ni si te costó superarlo, si extrañaste, si la comparaste con alguien más. Si alguna vez en su cumpleaños pensaste en ella.
Y ella sigue extrañando a ese rubio de ojos lindos. Extraña a Ablus; que era como la llamabas; extraña armar palabras con las patentes de los autos; extraña bailar Footlose como locos; extraña los Tererés; la mandioca; las Cataratas. Todavía siente en carne viva todo lo que no fue.  Todavía nadie la volvió a hacer reír así. Y no puede entender cómo diste media vuelta y arrancaste a caminar dándole la espalda.
Pero no es algo que pueda responder. Hace más de dos años que no puede responder. Y lo único que quiere es que de una vez pase. Que alguna vez pueda decir que fue la mejor decisión y que encontró a alguien que la amó como merecía. Todavía no pasó. Y siempre se pregunta si no eras vos el que la merecía y ella no se dio cuenta.









miércoles, 16 de marzo de 2016

Los infieles

Esteban y Héctor se merecen un post compartido. Porque fueron parte de un mismo síntoma. Mientras seguía sufriendo por Lázaro, por sí misma, por sus viejos, por todo; iba por la vida buscando quien la quiera, o quien no la quiera, y reconfirmara las sospechas; “no sos lo suficientemente buena”.
Los dos tenían novia. No dudaba que les gustaba. Pero ninguno de los dos iba a arriesgar lo que tenía.
Los esperó un tiempo. Los quiso, le gustaban. Pero en ese momento algo de cariño se tenía; así que se plantó con ambos. A ambos les abrió el corazón; les dijo que los quería, que lo intentaría por ellos; pero que merecía a alguien que la quisiera sólo a ella.
Y obviamente ambos contestaron que merecía eso; pero no era algo que ellos pudieran dar. Con Esteban sufrió más. Había sido honesta. Lo había intentado, y la había dejado ir.
Los dos siguen hoy con sus parejas de aquel momento (no se separan más).  Los dos siguieron buscándola por ahí. Esteban se arrepiente hasta hoy.  Pero sus mochilas eran de él. Giró y comenzó a caminar dándoles la espalda.
Y hoy a la distancia sabe que no hubiera confiado en ellos nunca. Que esas historias que arrancan así…tienen fecha de vencimiento.
Y que en cualquiera de las dos despedidas, si bien había tristeza, había orgullo. El creer que se merecía algo más que las cobras de otro, le hacía paliar el dolor. Y hoy siente que: Clap Clap. Hiciste lo correcto.
Algunos círculos viciosos empezaban a cerrarse. Ese de buscar siempre al equivocado para que confirme que no la podía querer; Y Obvio!! Si ya estaban queriendo a otra (a su manera, pero las querían). Darse cuenta de eso, la hizo sentir menos mal. No la habían elegido, es verdad; pero ella competía en desventaja. Y lo resumía con una frase “no era el momento de ninguno de los dos”. 


domingo, 13 de marzo de 2016

Luis. El divino. El histérico

Luis sí fue un tema aparte. La vio entre la multitud, la hizo visible. Le prestó atención. A ella, que no era más que la chica del box 137. Le buscó, le habló, la conoció. Buscó los espacios para acercarse, cuando ella era una especie de pollito mojado que tenía vergüenza de hasta decir buen día, que caminaba mirando hacia abajo (cosa que aparte; ama hacer).
Nadie sabe qué vio. Nunca lo entendió. El chico más fachero del trabajo (y el más histérico y mujeriego), se acercaba. Y encima con toda una técnica. Nada de encare barato. La compró por donde más le gustaba. Por el intelecto, por las charlas, por el interés. Por saber quién era, qué pensaba, por qué ella se sentaba en canastitas, por qué no hablaba con nadie... Pensemos que cuando una se cree medio invisible, y siente que nadie se queda a tu lado, y aparece uno que tira un par de datos que ni vos sabés de vos misma, caés medio rendida. Y esa materia, el de hacer caer rendido a medio plantel femenino del trabajo; la tenía aprobadísima con diez felicitado y estrellita.
Al cabo de unas charlas vía facebook; una par de sonrisas en los pasillos de trabajo, ella estaba rendida a sus pies. Pero iba y venía. Bah, iba. Charlas hasta las 4 am; sonrisas y mensajes vía chat laboral, alguna complicidad a la hora del almuerzo, nada más.
El día a día fuera de las paredes de la empresa no existía. No había charla cotidiana, ni muchas cenas compartidas, ni los cafés de los domingos a la mañana; ni nada.
Pero esa histeria la atrapaba. Sus cumplidos, su atención. Eso. Eso era lo que lo hacía valioso. Realmente en un panóptico faucaultiano, alguien lograba verla Y describirla.. Y abrazarle el alma en dos segundos.
Y ahí, esperaba esos abrazos tan sanadores y se preguntaba por qué su interés no se materializaba en una cotidianidad normal de gente joven.
Y no, no lo logró. Eligió a otra (del trabajo casualmente). Y era entendible... parte de lo que ella creía de sí se hacía visible: “qué pensabas, que el adonis de la empresa, inteligente, rubio, ojos claros como el mar, genio de los sistemas, amante del vino, buena música, y cine... se iba a fijar en vos?”.
Sabe también que cuando piensa en ella aún sonríe entre deseando algo y recordando buenas charlas con tinto de por medio. Pero no eligió. Y ella en el fondo tampoco a él. Lo soltó bastante antes de que él se enterara, para amortiguar la caída.
Porque se daba cuenta que el juego no divertía. Tampoco ella quería ganarse a nadie. No tenía fuerzas. Necesitaba que la quieran. Para inestable ya había alguien en su cama de una plaza. Y hoy lo ve con cariño, hablan y le saca una sonrisa, pero así, de lejos.
Cerca...cerca es otra cosa que él no iba a dar. Y la verdad ella necesitaba sentirse especial. No una más.
No señora... ella no es la heroína que la pelea hasta el final. Rapidito (y hasta antes) reconoce la derrota y se va silbando bajito y comiéndose los mocos.