lunes, 21 de mayo de 2018

Reíte

Reíte. Todo lo que puedas. Reite Cuando puedas que tu risa es fatal. Reíte tanto que se te achinen los ojos. Tanto que sea el motivo por el que llores o por el que justamente pares de llorar. 

Reíte con ganas. Fuerte y con desparpajo. Reíte cada vez que creas que hay más motivos para parar.
Reíte siempre y como si fuera la última vez. Como si nadie te estuviera viendo, como si nadie lo estuviera esperando. Como si a todos estuvieras modificando.
Reíte mostrando todos los dientes. Que el sonido sea contagioso. Con todo el cuerpo. Que sea sincero; que pueda ser más que una mueca...que sea real. 
Reíte y que por un momento sea lo único que importe. Aunque haya mil cosas que creas que te importan más.  
Reíte. Que la risa salva. Reíte todo lo que puedas, cuando puedas. Porque es verdad que a veces no vas a poder igual. 
Entonces, ante la duda, reíte. Y cuando no se pueda, que sea un estadía esperando que esa música volverá.
Reíte... que lo que no se va en suspiros en lágrimas se irá. 
Reíte y pensá:  que si te vas a morir... que sea de risa es lo mejor que te puede pasar.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Manifiesto Valentinista del Partido de los Solos


El Mundo No Desaparece cuando Apartas la Mirada.
El amor no desaparece cuando no tengas otro con quien cenar, dormir, despertar o hacerle un regalo.
Y hoy; precisamente hoy, el amor está ahí afuera como todos los días de tu vida. Pero hoy; precisamente hoy,  la vida (capaz la del resto),  se inundó de corazones.  La tele, la radio, las redes sociales, y las veredas llenas de flores que piden más perdón que otra cosa. Pero ahí están.
Los festejos de San Valentín; así como muchos otros, no dejarán de estar sólo porque se los niegue, en el sentido más Freudiano de la palabra.
Porque somos desde la psicología en adelante; seres de falta.
Y de la falta de amor han surgido las canciones más bellas, las tragedias más griegas, las películas más premiadas y los libros más vendidos.
Porque cuando estás en falta; los finales infelices se vuelven reales.

Y la opción más cómoda suele ser negar; odiar, desacreditar y resentir este tipo de festejos. Taparse los ojos y los oídos esperando que el mundo desaparezca y que estas 24 hs pasen sin pena ni gloria.
Los festejos comerciales han ensuciado, eso que cuando falta es poesía, pero cuando lo está también:  El amor.
Y hoy; la mejor opción para no cerrar los ojos esperando que el mundo desaparezca, que lamento decirte, no sucederá, es buscar la forma menos “faltante”.
Que el amor, así solito, sin personificarlo;  ese que permite la construcción con el otro sea el motor de algo. Aun de un autoabrazo.  Dejando por un rato la falta; la media naranja; la pareja (vaya carga para esa palabra), la otredad, el príncipe azul; la casa, el perro, el auto, el matrimonio, el que te acompaña a las fiestas familiares, y toda esa perorata.
Que haya amor, o que no haya nada. En vos.
Que siempre haya motivos para festejar.
Amen.  Así, sin tilde.  
Que el amor que hoy celebres sea el más importante de todos: el propio.
Salú.

jueves, 18 de enero de 2018

Carta de despedida. Me rendí

Si pudiera hablarle una vez más no a ese que conocen todos, sino al que conocí entre cuatro paredes; me despediría. Las posibilidades son nulas en un contexto cara a cara y sabemos que escribo mejor de lo que hablo.
Ya me enteré que él está en otra, y sólo quiero decirle que me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes. Poder conocer más a ese chico que iba a mi casa a morder los labios, regalar abrazos, robarse el medio de la cama, y reír conmigo.
Le diría que mil veces me pregunté qué le pasaba cuando suspiraba acostado al lado mío o todas las veces que me evitó la mirada. Nunca supe la respuesta de ninguna de las dos.
Le diría que entendí que yo no le importaba, y que cuando me dijo que quería seguir conociéndome, mentía. Como cuando me dijo que no tuviera miedo.
Le diría que me gustó más el del principio y no el que empezó a evitarme sin explicar qué le pasaba; y hoy entendí que era porque ya había elegido a alguien más… eso podría habérmelo dicho de frente.
Que esa vez sí quería que ese piropo fuera para mí, y que esa noche dolió.
Que repase mil veces las últimas semanas y no encontraba motivo para su indiferencia, que me gustaría que me lo aclare.
Le diría que con él yo fui yo, en mi casa; lo único que tengo. Que fui buena mina, y que no me merecía nada malo.
Que me olvidé por un momento que me había dejado en claro que yo no le importaba; que él sanaba rápido; y que de él se decía que no tenía corazón.
Que me metí en un juego que me dolió jugar. No sirvo ni para gato ni para ratón.
Que nunca supe si le gusté o no, o fui un capricho de los que le encantaban a él.
Que no hacía falta lastimarme para sentirse mejor.  Yo fui buena mina, y lo sabe.
Le diría que “Menos peleas y más besos” sería una frase que usaría siempre, y le recomiendo que la ponga en práctica. 
Que entendí que a veces las cosas no suceden y es en vano querer gustarle a todo el mundo, que me guardo los buenos y divertidos recuerdos, aunque jamás sabré si su primera versión fue realmente verdadera.
Que yo no pedía nada, más que su honestidad. Que se deje querer bien. Que deje de manejarse mal.
Que yo soy así, lo que vio. Que no me ando cuidando con corazas y que me expongo a que me duela. Que tal vez fui demasiado buena para él.
Que alguna vez le dije que me rendía, y si bien esa vez no fue... hoy, como con las cosquillas: Me rendí.
Que al que conocen todos me lo tengo que cruzar todos los días y espero que deje de hacer las cosas más incómodas. Que no me evite la mirada. Que hagamos como si nunca lo hubiera conocido tanto y que si pudiera me aclarara algo. Que entienda que yo necesitaba despedirme para terminar y seguir adelante.
No sería Yo, si dejo de decir lo que siento. Y no quería guardarme nada. Ya no puedo más.
Y, por último, que manejarse mal es de gusto; y que no era necesario jugar con mi sonrisa.








jueves, 11 de enero de 2018

Cito

Si todo fuera diferente; tomaría tu cara entre mis manos y desearía darte el mejor beso.
Si todo fuera  más simple; no dolerían tus despedidas de frialdad extrema.
Si todo fuera más normal; no me escondería para darte un abrazo y reír entre miradas.
Si todo fuera compartido, no creería que pierdo cada vez que te dejo pasar.
Si todo fuera correspondido, no pensaría que intento penetrar con el aliento una barra de hielo.
Si todo fuera real; no tendría miedo de buscarte por el sólo hecho de tenerte en mi pensamiento.
Si todo dejara de ser un juego; dejaría de pensar todo el tiempo cómo ganarte.
Si todo se pudiera hablar, te preguntaría solo una vez, qué es lo que buscas.

Si todo fuera de a dos, no creería que sólo se aumenta tu ego.
Si todo cambiara, me animaría a ser yo sin intentar ser esa que te gusta a vos.
Si todo o por lo menos algo fuera de verdad, dejaría de apostar a la ciega y sería all in.
Si todo lo que no es, llegara a ser, sonreiría de verdad y no sería solo una mueca.
Si todo fuera igualdad, dejaría de esforzarme por alcanzarte.
Si todo fuera un partido, no me pensaría en tiempo de descuento, queriendo rasguñar un empate.
Si todo…  CI TO.
Si sólo fuera; no debería inventar el apodo Cito. Seríamos vos y yo.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

I. V

Puede que no existan los lugares indicados para ciertos sucesos. Pero existen sucesos indicados para ciertos lugares. 
Sobre todo aquellos en donde todo es entre nuevo y desafiante, controlado y analizado todo el tiempo, difícil y distante; las miradas que sonrojan son bienvenidas. 
Porque lo cierto es que hay espacios que merecen un poco de amor. Una especie de bálsamo, una pequeña ilusión que los haga más soportables... aunque sea flotante, imperceptible, anónimo. 
Porque hay de quienes no sabemos nada: 
Ni su risa más fuerte; ni quiénes integran su familia, ni su comida preferida, ni siquiera la fecha de cumpleaños. No sabemos qué le hace feliz, ni cuantos amores pasados lleva en la mochila, ni qué sueña, ni dónde quiere viajar... ni si quiera cuantas cucharadas de azúcar le pone al café. 
Pero son quienes por momentos imaginamos todo. Porque sólo su cercanía genera una energía extraña. Sólo su conversación una inmensa sonrisa que va impune de vergüenza. Sus peleas una carcajada y su mirada curiosidad. 
Porque son a quienes queremos hacer reír, aunque no tengamos idea de cómo hacerlo. A quienes invitaríamos al Cine, sin saber si quiera sabe lo que es el séptimo arte. Iríamos a un recital; y hasta nos aguantaríamos una ópera entera.
Son a quienes queremos llegar y no sabemos cómo. Porque no hay mucho más que un amor que flota en el aire, que es anónimo, que ni siquiera es amor, y que tiene muchas chances de ser unilateral. 
Pero sin dudas existe quien nos hace cambiar de la monotonía a la risa fuerte en un minuto. 
Y quien tiene esa facultad de hacer reír, aún en los ambientes menos indicados, cuanto menos; se merece un pensamiento soñador.

lunes, 21 de agosto de 2017

Un beso

Esta vez sólo me dirijo a aquellos a los que quiero mandarles un beso.
Un beso a vos, que me dijiste que te ibas con el amor de  tu vida y eso duró menos que la manteca en el hocico del perro.
A vos que me controlabas tanto; porque “el ladrón considera a todos de su condición”.
A vos que lo último que me dijiste fue No sé, y me convertí en un mar de preguntas que me hicieron perderme.
A vos, que me despediste viéndome llorar y no hiciste nada, hasta diez! Años después.
A vos, persona incapacitada emocionalmente. Que se llevó parte de mi alma y mi sonrisa por mucho tiempo para teñirla de colorado.
A vos, que con la excusa de la “colgadez” medías todos y cada uno de tus actos, casi con maldad.
A vos, que un día desapareciste, y te escondiste, aun siendo un gigante.
A vos, que te lastimé, te ilusioné y terminé detestando hasta las mejores intenciones.
A vos,  que no tenías otro plan que vivir de mis planes.
A vos, que me veías parte de tui vida, cuando ya cada vez me veía más parte de la mía. Sola.
Un beso también a vos! Que me hiciste responsable de los fracasos de todos, y tenías tanta o más responsabilidad que yo.
A vos, que me dijiste clarito: De mí no te enamores.
A vos. Sí sí a vos;  que me dijiste de mí sí enamorate. Me regalaste un cornamento; un tibio perdón y un buena suerte y hasta luego.
A vos, que todavía intentas que te crea las mentiras y justifique tus ausencias.
A vos y a tu novia, a la que le debe encantar que me digas que están en supuesta crisis.
Un beso enorme a vos;  que te usé para salir del infierno.
A vos, que me escribís a las 6 am, por si el after  party llegara a estar abierto.
A vos, que me debes abrazos, y charlas y vino, para el día que te divorcies.       
A vos, que me diste el recuerdo del mar más hermoso que tengo.
Y no puedo no enviarte un beso a vos, que te observo siempre esperando que un día notes mi presencia.

Un vaso de agua, y un beso no se le niegan a nadie.

lunes, 31 de julio de 2017

El Diablo habita en los detalles

De repente aparecieron todas las señales.  Como si el Diablo (así con mayúscula),  realmente habitara en los detalles.
De pronto no quedaba nada. Cerrados por derribo; cambios de firma, esquinas en demolición, extraños que se esfuerzan por no decir nada de más.
Y tal vez las señales habían estado siempre ahí,  pero algo hacía no mirarlas. Porque tal vez no indicaban un buen camino, o por lo menos no el soñado.
Esta vez el vino era más fuerte; las lágrimas más hirvientes, y la realidad golpeaba con más violencia. No quedaba nada.
No quedaba más que algunos recuerdos que ya no se materializan ni en lugares, ni en imágenes, ni en personas. Como si de pronto el tiempo hubiera borrado todo con la rapidez de unas huellas en la arena que borra el mar.

Como si esa memoria se fuera perdiendo al punto de no recordar sonidos, ni olores, ni risas, ni llantos. Como si las fotos se fueran desvaneciendo. Como si los puntos de encuentro se hubieran alejado para siempre.
Todo este tiempo eso había estado ahí, con la nostalgia de que por lo menos alguna vez había sucedido.  Una vez había sido real, y hoy no había siquiera forma de comprobarlo.
Y el Diablo hace tan bien su trabajo; que los detalles son sutiles, imperceptibles durante un montón de tiempo; hasta que finalmente aparecen con un letrero que reza “a quién quieres engañar”. Y lo cierto es que el engaño no es más que de quien no quiere aceptar que no hay más nada; sólo algunas imágenes inconscientes que se desean reprimir.
Vaya dicha la de  Freud, que entendió que la represión era una estrategia para hacer inconsciente todo el contenido mental inaceptable.
Si no existe cosa más inaceptable que la perdida, que una mirada no correspondida. Un deseo unilateral. Un montón de recuerdos que ya no se comparten. 
Porque ya se sabe que a los lugares donde una fue feliz, nunca se debe volver. Pero el triunfo muere cuando hasta esos lugares empiezan a desaparecer, dejándote sin la posibilidad de elegir no habitarlos, sin la posibilidad de ganarle por lo menos esa batalla al Diablo; ese que tantas veces metió la cola.