domingo, 5 de marzo de 2017

No pasaba nada pero un circo vi

No le gustaban los circos.
Le daban tristeza. No entendía bien por qué, pero sabía que era un sitio que le daba angustia; una especie de desconfianza que dolía.
Y en los momentos de más introspección pensaba que los circos eran un montón de caras cual caretas. Donde lo real no es real. Donde los magos tienen trucos, indescifrables pero cuestionables. Donde los payasos dibujan una sonrisa exagerada que probablemente no tengan. Donde un domador se aprovecha del más débil y de la desigualdad de condiciones.
Y al final de cuentas los circos no eran más que un reflejo de la vida misma metida en una carpa con banderines de colores.

Porque en la vida real, muchos son los que  tienen una sonrisa pintada y hacen reír a los demás y son aplaudidos por su ingenio…. Pero en el fondo lloran y son un manojo de tristeza. Porque se oculta en el maquillaje. Y al finalizar la función; más allá de las risas; no es más que un payaso. Nadie recuerda siquiera su nombre.
Porque en la vida real hay gente que miente, que inventa trucos, que vende poderes sobrenaturales, que pinta pajaritos de colores. Y no es más que una artimaña que intenta convencer; anonadar y dejar pensando a quien la ve y que se hace llamar magia. Como tantas otras cosas que llamamos magia y no son más que una habilidad de mostrar una realidad que no es.
Porque en la vida común y silvestre de cualquiera, puede que haya un domador, que nos mantiene cautivos, que nos hace hacer “nuestra gracia” a la fuerza porque sabe que no podemos huir. Algo así como nuestra piel.
Porque la vida es como un circo pero más grande, que a veces es divertida y con banderines de colores, y otras veces es sólo una puesta en escena donde todos jugamos a ser un papel que no somos, y que descubrimos al sacarnos los trajes bonitos y el maquillaje.

Ahora entiendo por qué no le gustaban los circos. Y honestamente, a mí tampoco me gustan. 


jueves, 23 de febrero de 2017

La Honestidad No se Negocia

Honestidad: hace referencia a aquel que es decente, decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto u honrado. 
Y a veces ni hace falta ser todo eso para ser honesto. A veces se trata de decir solo la verdad: sin pudor, sin razón, y hasta sin decoro. Porque es la verdad; y con eso a veces es más que suficiente. 
En mundo donde la mentira es moneda corriente; parece que la verdad tiene un valor demasiado espectacular. 

Honestidad es verdad. Esa que no se negocia, no se regatea, la de decir SI con ganas, y la de decir NO bien clarito y sin vericuetos. 
La de no jugar con ilusiones ajenas, la de no dejar creer lo que no es. La de bancarse las consecuencias. 
Y aunque choque, moleste, y hasta sea idealista o ridícula, la verdad siempre es mejor. Porque no duele, lo que no tiene es remedio.
Molesta escuchar la verdad; no todos están preparados. Y suele ser disfrazada como diplomacia, tolerancia, piedad. Y no por el otro, no por el que la escucha. Es por quien  no la puede decir. 
Decir la verdad es hacerse cargo. Es hacerse esclavo de sus palabras. Es tirar la moneda, y que pueda caer del lado de la soledad. 



martes, 14 de febrero de 2017

Sex And The City

Escena uno. Carrie Bradshaw sentada frente a su ordenador,  con musculosa blanca, mirando por la ventana, fumando y tomando café; sufriendo en el fondo, los avatares del amor, y de sus otras yerbas.
Cualquier parecido a la realidad; es mera coincidencia.
Cuando una relación amorosa no funciona, o una cita se convierte en un completo desastre; cuando nuestra vida se basa en historias limitadas de tiempo y de sentimientos, quienes escribimos; alguna vez nos sentimos Carrie Bradshaw sentadas en frente a nuestra notebook, teorizando sobre Sexo y la Ciudad; sobre el Amor y sus otras yerbas.
De qué depende? El amor, las relaciones, las continuidades; cómo se hace?
Y se teoriza en forma de pregunta. Porque cuando se tiene la experiencia suficiente para poder escribir las columnas de Carrie, es porque el juntos para siempre no ha funcionado tan bien. Puede que exista un Mr. Big por ahí, ¡who knows!. Mientras tanto; los sucesos son dignos de una columna del  The New York Observer.

Por qué cuando es víspera de San Valentín y todo el mundo se está amando (a veces más de lo real), quienes miramos la escena desde afuera nos preguntamos por qué cuesta tanto. 
Será que buscamos tanto el príncipe azul, o del color que sea, que nos la pasamos besando sapos esperando que se conviertan. Será que ponemos demasiadas expectativas en quienes no debemos, y nos olvidamos de divertirnos y pasamos ese proceso de pocos encuentros, imaginando un amor de novela, que nos duele reconocer que no es.
Será que decimos que deseamos tanto ser queridos, que nos creemos que es así, y tal vez en el fondo no lo deseamos tanto. Así  es que cada vez que alguien se acerca con ganas de abrazarnos un poco más; hacemos lo posible para defraudarle.
Será que en silencio tenemos el alma tan rota que no damos un centímetro de ventaja a quien pueda hacernos acordar de ese dolor, o quien osadamente, puede romper lo que de a poco se fue sanando.
Será que odiamos los mandatos del mundo moderno de la familia e hijos antes de los 30, pero en el fondo nos odiamos a nosotros mismos, porque no llegamos a cumplirlos.
Será que vivimos en un eterno casting, haciéndole pruebas al resto para saber si nos merecen, y no sabemos si nosotros mismos merecemos un amor, que en soledad; tal vez no nos podemos dar.
Será que teorizamos, pensamos e imaginamos el amor, y las relaciones que nos olvidamos de vivirlas y sentirlas. Nos olvidamos de que nos tomen por sorpresa, nos olvidamos de dar lugar a que suceda. Nos olvidamos hasta de amarnos. Y esperamos que alguien lo haga desde afuera.
Será que a una determinada edad, cual Carrie, Miranda, Samantha y Charlotte no es tan común enamorarse perdidamente, ni encontrar personas que busquen lo mismo, ni dejarse querer a uno, ni permitirse querer a otro.
Será que las mujeres de más de 30; independientes, viajeras, trabajadoras y cuestionadoras, y hasta ambiciosas, hacen más complicado ese encuentro? Porque se cuestionan, cuestionan al otro, no se conforman. Y probablemente vengan con una mochila bastante pesada de amores perdidos en el camino.
Será que siendo adolescente es más fácil intentar y probar con desparpajo, y a medida que el tiempo pasa nos ponemos más exigentes, cuidadosos, y hasta miedosos.
Será que el amor, y las relaciones en realidad son simples, y que existe un final feliz como el de Carrie y Mr. Big… y que como dicen muchos, para encontrar al príncipe, inevitablemente hay que besas unos cuantos sapos.
Cuando todos parecen amarse alrededor, muchos nos preguntamos  por qué para algunos es tan complicado. Si en el mundo todos buscamos querer y que nos quieran. “Si somos solitos buscando los pedazos. Si somos mosquitas buscando algún abrazo”, como dice una canción.
Y no está mal escribirlo al mundo. No está mal decirlo: queremos que nos quieran. Queremos amor. Somos personas que buscamos “amor, el verdadero, ridículo, inoportuno insaciable y sin el que no podamos vivir”.

Tal vez la complicación está en la búsqueda. Tal vez alguna vez tenemos que dejar que sólo nos encuentren; sin buscar, como aquel final de Carrie en París. 

sábado, 4 de febrero de 2017

Nada

Somos dualidad. Dicotomía. Positivo o negativo. Nos pensamos como sinónimos y antónimos. Como buenos o malos. Nos vivimos así. Nos encasillamos. Cruzamos  o nos quedamos de este lado. Nos blanqueamos o ennegrecemos.
Y hasta nos castigamos si quedamos a mitas de camino. Y en ese contexto surge una palabra. Una categoría. Una sensación. Un estado. VACÍO. 
Vacío es estar en la mitad? Es estar librándose de todo? Para poder volver a llenarse?
Estar vacío tiene su ser una meta? O puede ser un recorrido? O por lo menos una parte necesaria de este. Puede ser transitoriedad? 
Quienes somos los que establecemos su connotación?Si o si debe ser un estado permanente? 
Por qué tenemos miedo del vacío? Por qué nos da miedo saltar a él? Porque nos creemos que nos planteamos en dicotomías. Pero no soltamos nada sin agarrar nada de nuevo. No sabemos convivir con la incertidumbre. Porque necesitamos  saber que hay algo que nos atrapa al caer.  Porque no nos llevamos bien con la nada. 
Si puede representar una oportunidad. Por qué tendemos a odiar ese estado como si fuera un fin. Si a veces lo único que necesimos es un final para poder volver a comenzar. Aunque lo único que se vea por un pequeño momento sea: nada.

jueves, 17 de noviembre de 2016

No te conformes

Y un día te encontrás justificando todas tus decisiones de vida. Tratando de convencer a quienes supuestamente te quieren, que vos sos así. Y que así está bien. No sabés si pedís cariño, o por lo menos respeto.  Que te dejen de pensar como “Pobre…”
Y explicás… y contás y decís…
Sos la que viaja sola. Y no porque seas hermitaña. Si no porque no vas a dejar de deleitar la vista (y el alma) con paisajes, solo porque no tengas con quien.
Sos la que se rompe el lomo por tener no una, sino dos carreras, por más que tengas trabajo y que supuestamente te paguen bien.
Sos la que sigue saliendo hasta cualquier hora de la mañana, porque rodeada de un grupo de amigos, los amaneceres son divertidísimos.
Sos la que pelea defendiendo al que no está. Porque piensa que no es justo criticar a quien no se puede defender.
Sos la que dice la frase: “Donde no puedas amar, no te demores”. Pero le suma: “Donde no te amen tampoco, y donde no te valoren; menos”.
Sos la que no se conforma con una relación estable. Porque crees que el “amor es otra cosa”. Es compañerismo, es respeto, es diversión, es proyectos. No tener a alguien para llevar a un evento social.
Sos la que va a las marchas del “Ni una menos”, con la convicción de que juntas podemos hacernos fuertes ante el miedo que nos infundan.
Sos la que cree que se puede pagar una cuenta de restorán a medias, en una cita, porque la plata vale lo mismo para todos; hombres o mujeres.
Sos la que cierra los mensajes a sus papás diciéndoles que los ama. Porque a las palabras se las lleva el viento, pero abrazan almas.
Sos la que entiende que no todo el que se fuma un porro es drogadependiente.
Sos la que cuando ama, ama de verdad, sin reparar en que te puedan romper el corazón.
Sos la que le rompieron el corazón. Y el alma. Y creíste que no podías más, y pudiste.
Sos la que hace terapia porque considera que uno nunca termina de saber todo de sí, y que un extraño muchas veces te puede ayudar más que un amigo.
Sos la que está orgullosa de que su familia haya sido “humilde”. Porque aprendiste a valorar el esfuerzo, el tuyo y el de todos.
Sos la idealista, la rebelde, la zurda, la “rara”. La que tiene edad para ser madre, y ni piensa en eso.  La que quisiera tener a alguien que la ame, pero si no está; “qué le vamos a hacer”…
Sos la que no se conforma, la que va por más, la que lucha por aquello que considera justo. Sos la que hace lo que puede con lo que tiene. O hace más aún.
Sos libre. Sos renegada. Sos pasional. Sos sensible. Tanto que seguís peleando por causas perdidas. Tanto que seguís discutiendo para que te entienda. Tanto que el ser tan testaruda te llevó a donde estás. A ser lo que sos. Y eso, la verdad? No está tan mal.
Sos a quien le recomendaría: “No dejes de luchar. Sólo elegí mejor tus batallas; para no perder energías en aquellos a los que vos deberías empezar a decirles: Pobres”-.


martes, 18 de octubre de 2016

Y qué pasa si no?



Toda nuestra vida la transitamos basados en el positivismo de que todo sucederá. Que las cosas saldrán bien. Que seremos saludables, felices. Que tendremos amigos. Que seremos queridos. Que formaremos una familia. Que viviremos un gran amor. Que seremos exitosos, y que trabajaremos de lo que nos gusta.

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Nos suena trabajoso y hasta nos da miedo pensar que eso no va a suceder. Preferimos creer en que la vida misma, solita… nos dará aquello que se supone que nos merecemos. Nos negamos consciente o inconscientemente a que tal vez, no estemos en este grupo de afortunados. 

Es más, tildamos de negativo a aquel que considera la posibilidad de que no puede ser agraciado con todos esos honores.
¿Qué es lo que nos cuesta más? ¿Pensar en esa posibilidad? ¿Aceptarla? Tildarse a uno mismo de mala energía. ¿De no querer suficiente las cosas? Muchas veces se escucha que si alguien desea algo con mucha fuerza; lo logra. Y que pasa si no?
Si no somos deseados por nuestros padres. Si  no somos saludables o si no encontramos ese amor que tanto anhelamos. Qué pasa si la vida soñada no es la que nos toca vivir.
Por qué es tan descabellado pensar que las cosas pueden no suceder. Por qué criticamos al que piensa de esa manera, si no lo único que hace es anticiparse a una realidad que puede suceder.
Por qué intentamos suavizar la idea diciendo que “todo va a estar bien”. Por qué en un mundo que parece ser cada vez más extraño, las profecías del bienestar son como huellas en la arena. Pueden desaparecer.
Y? qué hacemos si un día nos sentamos a pensar ¿qué pasa si no?.

lunes, 27 de junio de 2016

Just Friends

Pasa que otra vez se dio cuenta que estaban como cuando habían empezado. Se miró en retrospectiva y se dio cuenta de que otra vez estaba esforzándose para que alguien la mirara. La mirara de verdad.
Y por eso se enojaba. Exigía atención. Aunque de verdad lo que estaba exigiendo era que la quisieras.
Porque estaba repitiendo una historia. De gusto.
Era una historia que había empezado y terminado mil veces. Había quedado en stand by. La habías vuelto a reflotar. La habías modificado. Y ella siempre en el mismo lugar. Queriendo agradarte. Queriendo llamar tu atención. Queriéndote.
Porque sí lo intentaría. Porque cada vez que estás su cabeza se llena de historias imaginarias. Porque cada vez que volvés cree que esta vez será LA vez.

Y sola arma y desarma los finales felices. Mientras vos no te das cuenta.